Nuestro querido distrito de Miraflores tiene muchas cosas buenas en el paisaje, en su gente, en sus calles, aves, plantas, árboles y flores. Tiene el mar y el malecón que cobija a tanta gente que camina por él. Sus avenidas con bermas centrales llenas de árboles y jardines y flores llaman la atención, y últimamente, los edificios, cada vez en mayor número, van dejándonos sin las casitas vistosas con sus jardines floreados.
Viendo que el carácter del distrito va cambiando, justamente por las construcciones y comercio, que atraen a mayor número de personas, notamos que hay una amenaza latente pero también real, a la tranquilidad que era sinónimo de esta ciudad. El intenso tránsito por la zona central, sobre todo, la bulla, la inseguridad, son circunstancias que trae este crecimiento. Cuando no tendría por qué ser así, si hubiera un adecuado manejo, consultado, concertado, analizado y resuelto de manera profesional, amando este rincón de nuestro querido Perú.
Surge entonces la idea de consultar a los “viejos miraflorinos”, a los miraflorinos de siempre, su parecer sobre nuestro distrito; hacer de este blog un lugar de entrevistas a los antiguos habitantes, pero también a nuevos moradores (¿por qué no?), a fin de conocer sus impresiones sobre el distrito y su vida en él, sus proyecciones y sus deseos, su visión de la vida aquí, y sus deseos y aspiraciones de aportar a su desarrollo.
Solo como referencia diré que prácticamente nací en Miraflores. Viví en Porta; en la misma quinta que Vargas Llosa, cuando tenía dos y tres años. Luego en Venecia, en una linda casa de dos pisos, donde con los Rotondo, que vivían al frente, y los Rocha, un poco a su costado, y los Morales, no nos cansábamos de jugar, teniendo al Opus Dei un poco más allá. Los Dibós también eran nuestros vecinos. Después viví en Gonzales Vigil, callecita prácticamente al frente de mi colegio, el Mater Purissima. Es decir, mi infancia y adolescencia las viví en Miraflores, donde veía los geranios y las moras, jugaba en el malecón y con nuestro grupo de amigos, los Gutiérrez, Silvia Sánchez Concha, Guillermo y Gustavo Guevara, Javier, nos íbamos hasta el mar por los peligrosos acantilados, con los perros Setter, de Javier. Son muchos los recuerdos de esa época. Jugábamos futbol, bata, matagente en la calle, y la pasábamos de lo mejor.
Con esta iniciativa podremos conocer opiniones de los ciudadanos, que esperan o no, que los cambios que se van viendo signifiquen algo bueno para su vida, la de sus familias y la de la comunidad de que formamos parte.